Historias de un supermercado (II)
Una de las peores cosas que tienen los supermercados son las alarmas antirrobo. No piensen mal, simplemente que ese momento de sonido de la alarma cuando alguien pasa con la bolsa (sobre todo si eres tú el agraciado) sin haberlo comido ni beberlo es, cuando menos, vergonzoso.
Allí estaba yo en la caja rápida (oh, maldita caja rápida) mientras la señora de delante se recreaba con sus 20 productos cuando escucho el sonido brutal de la alarma antirrobo de la entrada y una señora que se queda pálida con sus bolsas y da vuelta hacia la caja central por si había algún problema.
Esto es España y claro, una vez sonó la alarma comenzaron las voces por lo bajo: “Mira qué pelos y qué cara tiene, seguro que ha robado cosas”, “Si es que está delgada, la pobre no tendrá ni para pan”…
Y la pobre mujer se fue tranquilamente, después de decirle desde caja que era por una prenda de ropa que llevaba en la bolsa y que a veces no quita correctamente la alarma. Pero esto es España y uno no se va de algo así sin su ración diaria de puñaladas.


Es que los supermercados dan para mucho,… y sobre todo los sábados. Estas dos entradas me han recordado aquel otro que escribiste: “Cosas del mundo real” (19-12-2007), contando tu experiencia en la Librería Cervantes.
http://www.andresmilleiro.info/blog/cousas-do-mundoreal-tm
Como estos casos (y otros parecidos) los vivo 40 veces por minuto, suenan entretenidos escuchados por esta vía.
Bueno, Andrés, esto es un mundo de colores y a cada uno nos ha tocado uno. Pero los más afortunados cuentan con un par de ellos. Ojalá pertenezcamos a este grupo.
Suerte con el flasmob, si vas. Ya me contarás.
Manolo.
jajajaja, real como la vida misma :)
Muy bueno, me ha encantado porque he visto que parece que hay gente que se fija en las mismas cosas raras que yo ;)
Por allí andaremos en el Flashmob, un saludo.